domingo, 4 de noviembre de 2012
Una amiga de verdad
Eran las cinco de la mañana cuando sonó el despertador. Tenía los músculos entumecidos. La postura en la cama de mi camión durante toda la noche, me obliga, en un acto reflejo, a estirarme como buscando crecer en pocos segundos lo no conseguido durante años. La humedad por la lluvia persistente a la que el día anterior fue sometido mi cuerpo, es otro de los ingredientes para este intenso dolor de espalda.
Entonces me llegan en un aluvión de recuerdos, tu imagen, la conversación larga e intensa, así como el momento de nuestro encuentro. Bajaste del tren con tu sonrisa franca avanzando hacia mí. Era la primera vez que nos veíamos, pero fue tanto lo conversado por mensajes, que parecía conocerte mejor que tu a ti misma. Hoy día la tecnología nos permite hacer amistades tan fuertes, con alguien que se encuentra a cientos de kilómetros, que las distancias no importan. Nos saludamos y una cafetería cercana nos sirvió de refugio ante el intenso aguacero que azotaba la ciudad desde tempranas horas.
Como si dos familiares, que durante un largo periodo de tiempo no hubieran tenido ningún tipo de contacto, nos mirábamos, al mismo tiempo que nos contábamos nuestras andanzas. Obviábamos los problemas que cada cual tenía en esos momentos, pues era un momento solo de felicidad por la reunión de dos personas tan distantes entre sí. Cada persona se suele hacer una idea preconcebida de otra, a la que solo conoce por fotografías y alguna conversación, pero tú sobrepasaste de largo mis expectativas, como cada una de las personas que conformaban este pequeño pero tan intenso grupo. Mi trabajo me facilita conocer a personas por todo el territorio nacional y la fortuna o el devenir de los acontecimientos quiso que fueses la segunda en conocer, aunque es como si en realidad fueras la primera debido a que el primer encuentro no pasó de unos pocos minutos. Aunque como antes comenté, los problemas de la vida los dejamos aparcados a un lado, pero me intrigaba tu mirada, con una tristeza infinita alojada en ella, una melancolía que dolía solo al verte. No quise preguntarte y cuando me marché, un recuerdo de placer y dolor se alojaba en mi corazón, una mezcolanza de sentimientos difíciles de explicar. Me hice algo así como una promesa interna y la cual trataría de llevar hasta el final. Conocí personalmente a una persona que no merecía llevar esa carga tan cruel y tan en silencio.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Muy emotivo, te felicito!
ResponderEliminarGracias Marbe.tendremos que aprender poco a poco.
ResponderEliminarMuy bueno, Francisco....sigue adelante
ResponderEliminarEs precioso, digno de un comienzo.
ResponderEliminarBesos y continúa en esta línea. Conociendo y asentando...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarOjalá la mitad de bueno fueran mis escritos...
ResponderEliminarQue escondido lo tenía!!!! Que bien se te da!! ánimo!!
ResponderEliminarFrancisco FELICITACIONES!!!! Muy bueno tu escrito. Espero que sigas compatiéndolos con nosotros.
ResponderEliminarHola Francisco, por aquí me tienes, he leído este primer relato y seguiré ahondando en tu página porque, el texto que acabo de leer me ha gustado, así que estoy segura que el resto de escritos me depararán muchas más sorpresas iguales o mejores a esta.
ResponderEliminar¡Felicidades!
Un saludo.
Raquel Sánchez.