jueves, 31 de octubre de 2013

                                         LA MUERTE SE CRUZO EN EL CAMINO                                                                                                                                                                                                                                     Las gotas de lluvia comenzaron a poblar el cristal de la ventana mientras miraba absorto el horizonte; su mirada perdida no mostraba más que una inmensa tristeza, mezcla de dolor  y pesadumbre por la última discusión mantenida con su pareja. Había salido de casa bien temprano,  casi huyendo de otra confrontación,  pues al final cada cual optaron por dormir en camas separadas, quedando la disputa en tablas y lamiéndose cada cual sus respectivas heridas pero sin quedar nada en claro. Por la mañana al despertar no se encontraba con suficientes fuerzas para un nuevo cara a cara y se decidió por la solución más sencilla; adelantar la hora de partida. No era cuestión de cobardía lo que le obligaba a salir de casa casi a hurtadillas, era simplemente que notaba como la brecha que los separaba se agrandaba a cada momento. Cuatro horas más tarde se encontraba en un área de servicio, saboreando el segundo café de la mañana y  repasando involuntariamente los hechos acaecidos. La amaba desde el primer momento en que la vio pero la convivencia en común se había vuelto insoportable hasta límites insospechados, un tira y afloja continuo,  por nimiedades  que de no cambiar mucho la situación, desembocaría en una separación que se antojaba tan dolorosa como irremisible                                                                                                                                  Al ser domingo, día festivo para la inmensa mayoría de la gente, la práctica totalidad de los presentes disfrutaba de su familia y entre la algarabía, risas y gritos de pequeños,  se decidió por abandonar el local pues su cabreo no hacía más que crecer por no ser el uno de estos. Nadie le puso una pistola en el pecho al decidir escoger ese  trabajo pero fuera por una crisis galopante, por mala suerte o por el destino, pasaba más días festivos en el camión que en casa, cosa que ahora le había venido bien para escabullirse pero no dejaba de molestarle. Se monto en su vehículo y tomo la autovía en dirección al lugar donde descargaría al día siguiente,  al tiempo que introducía el cd de su grupo  de música favorito y le daba volumen como si con ello pudiera olvidarse de todo. Unos doscientos kilómetros más adelante y ya por una carretera nacional, al tomar una curva se encontró con un coche y una furgoneta accidentados, estando uno en la cuneta derecha y el otro en la izquierda y un camión parado sobre doscientos metros delante de estos con las intermitencias encendidas. Detuvo el camión, puso las luces de emergencia y se dirigió hacia la furgoneta con el corazón totalmente desbocado. Por desgracia había asistido a más de un accidentado y las imágenes que podía encontrarse sabia por experiencia no iban a ser nada agradables pero no podía quedarse de brazos cruzados mientras alguna persona se podía estar debatiendo entre la vida y la muerte. Al acercarse observo que las planchas de hormigón que transportaba, salieron volando literalmente,  por unos anclajes inadecuados para tal mercancía que los corto como si de mantequilla se tratara golpeando con auténtica violencia a los vehículos. Al llegar se encontró con un hombre que gemía de dolor y diciendo palabras ininteligibles. Trato de abrir la puerta pero esta se encontraba abollada y bloqueada por lo que con ayuda de otro compañero que paro detrás de él, tomaron una barra de hierro y forzaron la puerta trasera para poder entrar a socorrer al herido. La cabeza estaba empapada en sangre pero aparentemente se debía a un corte más aparatoso que peligroso para su vida y la pierna derecha estaba doblada en un ángulo que daba a entender que se encontraba rota en algún punto. Moviéndole lo más imprescindible para sacarlo por  si la furgoneta comenzara a arder, quedo allí al compañero y al herido y con rapidez se encamino al coche. La imagen que se encontró allí era dantesca, pues a este la plancha de hormigón de dos cincuenta por cuatro metros le golpeo de lleno, aplastando el techo totalmente y matando a sus cinco ocupantes. Haciendo acopio de valor trato de tomar el pulso a sus ocupantes en el cuello, pues era el sitio más adecuado y el único donde podía hacer tal operación. Sus conocimientos médicos eran tan escasos como los restos de vida que pudiera encontrar entre el amasijo de hierros y chapa en que quedo convertido la preciosa berlina. Bloqueado ante tanta desolación no se dio ni cuenta que un agente de tráfico le estaba preguntando si sabía cómo ocurrió el accidente. Por su cabeza solo pasaban imágenes de la desolación que traería a esas cinco familias  la ineptitud y poca profesionalidad del sujeto que ahora no hacia más que llorar y lamentarse de la catástrofe que había ocasionado. Como arrancándole de un mal sueño, otro agente le obligo a separase de allí, conduciéndole a la furgoneta de atestados donde le tomaría declaración sobre lo que hubiera podido observar al ser el primero en llegar al lugar de los hechos. Aquello se convirtió en cuestión de minutos en un caos de ambulancias, coches de la Guardia Civil, bomberos y  grúas. Una vez retirados de la calzada los restos esparcidos del siniestro, apremiaron a continuar viaje a los que allí se encontraban parados tratando de restablecer el tráfico lo antes posible y en espera de que llegara la autoridad competente para el levantamiento de cadáveres.                                                                                                             Continuo viaje como trasportado en una nube, sin ir prestando realmente atención a lo que le rodeaba y obligándose a parar en el siguiente restaurante que vislumbro donde trato de serenar un poco los nervios. Pensaba en su mujer y en sus hijos, en lo absurdo de una discusión a la que poniendo un poco de cordura se le ponía remedio rápidamente,  en lo fácil que era perder la vida en un segundo …                                                                                                                                                                    -Noélia…Te quiero y jamás te dejare – se dijo mentalmente.                                                                                                                                                                         

No hay comentarios:

Publicar un comentario