domingo, 2 de diciembre de 2012

APRENDIENDO CON EL ABUELO

Juan dormitaba en el sillón junto a la ventana tranquilo y relajado,  como solo pueden hacerlo aquellos que tienen todo terminado. Su cara parecía mas bien un mapa, surcado por infinidad de arrugas, marcas y algún que otro pelo que se escapo del rasurado de la mañana .Casi ochenta años soportaban sus delicados huesos, bastante maltratados por una vida de duro trabajo de sol a sol , en el terruño que labro con mimo para alimentar a toda la familia .Los últimos los había pasado aquí en la residencia, en compañía de otros amigos o conocidos, que se encontraban en su misma situación. Los achaques propios de la edad, requerían una atención casi permanente de unos asistentes que estaban atentos a ellos en todo momento.
Hoy era día de visita, por lo que su hijo, nuera y nietos vendrían a verlo e interesarse por el. A todos los quería, pero Paco era su ojito derecho, un nieto pelirrojo con cara de pillo como el solía decirle y al que adoraba. Este con diez añitos no paraba de hacerle preguntas, una tras otra e interesándose por su pasada vida.
¡Abuelooooo !¡ Despierta que estamos aquí hombre! El grito no sobresalto al anciano en demasía, en parte por su pequeña sordera, en parte por la duermevela en que se encontraba.
¡¡ Hola Paquito!!  ¿ Como estas hijo?.
- Yo bien abuelo. Sudando por que venía corriendo...jajajaja
-Hoy vi un pájaro azul y amarillo ahí en la entrada.
¿Sabes que pájaro es? ¿Como se llama? ¿Sabes si este crece mucho?
La lista de preguntas se hacia interminable pero José disfrutaba tanto como el crio, contestando a todas y cada una de ellas, como si de un profesor se tratara.
Tras las pertinentes preguntas de rigor por parte de los mayores,  sobre su estado de salud y situación, prácticamente todos desaparecían .Uno a tomar un café en compañía de algún conocido, otro a fumar un cigarrillo a la puerta y los críos con ellos .Al final siempre terminaban solos Juan y  Paquito,   Paquito y Juan.
-Abuelo vamos ahí fuera, al jardín .Así te enseño el pájaro que vi antes y ves que bonito es. Y también me cuentas alguna de tus historias.
-Despacio Paquito, que yo no estoy para correr.
-Yo te ayudo abuelo. Apóyate en mi hombro.
Con las pocas fuerzas que le quedaban a Juan, este se incorporo y pasito a pasito se fueron acercando al pequeño jardín situado en la parte trasera de la institución. Paquito como cualquier crio de su edad, no hacia más que corretear de un lado al otro del jardín, buscando con ahínco el pájaro antes visto para mostrárselo a su anciano pariente. Cansado y sudoroso fue a sentarse con Juan en un banco.
-No lo veo....  ¡¡Cuéntame una historia abuelo!!
Juan lo miro con una sonrisa en los labios y con toda la paciencia se dispuso a tal efecto.
-Cuando yo tenía tu edad, salíamos en pandilla un grupo de diez o doce amigos que íbamos siempre juntos a todos lados. Lo mismo a jugar a la pelota, que a jugar a la peonza  que a las latillas...en fin a cualquier cosa.
Un día uno de ellos nos propuso ir a coger pájaros, para lo cual nos hicimos de una  red bastante grande .Con mucha paciencia y tras intentarlo en varias ocasiones logramos atrapar a uno, un pequeño y bonito jilguero. Como éramos  tantos amigos y había un solo pájaro decidimos echarlo a suertes con la buena fortuna de que me tocara a mí. Este como antes dije era pequeño y tras tres o cuatro días de silencio, imagino que cuando se le paso el susto de verse atrapado, comenzó a cantar de una manera realmente increíble. Yo le hice una jaula muy grande, tanto que tuve que colocarla en el corral de la casa, para que pudiera volar a su antojo y mi madre lo miraba con cariño .Este al despuntar el día comenzaba con sus trinos y cantos, alegrándonos todas las mañanas sin parar ni un solo momento. Pero tras unos meses, cuatro o cinco mas o menos, cada vez se le escuchaba cantar menos tiempo y con menos ímpetu, quedándose muy quieto en uno de los palos que le tenía puesto para que se posara a descansar. Yo no sabía a que se debía esto y me preguntaba para mi interior- Tiene agua, comida,  un nido y espacio para volar ¿Estará enfermo? ¿Que le pasara? Durante unos días estuvo así, hasta que una mañana me lo encontré muerto en su rincón favorito .Llore desconsolado y culpándome de no haberlo cuidado como se debía, hasta que mi padre rodeándome con sus brazos me dijo. 
-Juan no llores mas y atiende .El jilguero se murió pero de pena , no por no saberlo cuidar. Tenía todo lo que le hacía falta para sobrevivir, excepto lo principal que es la libertad. Ten en cuenta que como las personas,  hay animales que no están preparados para vivir en una cárcel y al final se mueren de pena por la falta de esta. 
-Piensa Paquito- le dijo Juan a su nieto- en lo que me contó mi padre a mí. 
Tras la historia contada por el abuelo, ambos se miraron a los ojos, el uno tratando de entender todo lo escuchado y el otro esperando alguna pregunta que seguro que llegaría. 
-Entonces esto es una cárcel abuelo por que tú no sales nunca de aquí. 
-No Paquito no. Yo estoy aquí por que quiero, por que soy muy viejo y necesito que me cuiden en todo momento. Además aquí tengo todo lo que necesito, compañía,  cuidados  y el cariño de la gente. 
En ese momento regreso el resto de la familia así como una de las cuidadoras requiriendo al bueno de Juan, para que se tomara una de sus muchas pastillas. Se dieron los besos de despedida 
dándose el último Juan y Paquito. 
-Nunca olvides lo que te conté-le dijo el abuelo al nieto. - La libertad es tan necesaria como el respirar. 
Tras estas ultimas palabras,  la familia se marcho dejando a Juan con el regustillo de enseñarle algo a su pequeño y adorable nieto. Luego pasito a pasito, en compañía de su cuidadora y amiga Rosa, se marcho buscando su lugar de reposo.

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