LA MUERTE SE CRUZO EN EL CAMINO Las
gotas de lluvia comenzaron a poblar el cristal de la ventana mientras miraba
absorto el horizonte; su mirada perdida no mostraba más que una inmensa
tristeza, mezcla de dolor y pesadumbre
por la última discusión mantenida con su pareja. Había salido de casa bien
temprano, casi huyendo de otra
confrontación, pues al final cada cual
optaron por dormir en camas separadas, quedando la disputa en tablas y
lamiéndose cada cual sus respectivas heridas pero sin quedar nada en claro. Por
la mañana al despertar no se encontraba con suficientes fuerzas para un nuevo
cara a cara y se decidió por la solución más sencilla; adelantar la hora de
partida. No era cuestión de cobardía lo que le obligaba a salir de casa casi a
hurtadillas, era simplemente que notaba como la brecha que los separaba se
agrandaba a cada momento. Cuatro horas más tarde se encontraba en un área de
servicio, saboreando el segundo café de la mañana y repasando involuntariamente los hechos
acaecidos. La amaba desde el primer momento en que la vio pero la convivencia
en común se había vuelto insoportable hasta límites insospechados, un tira y
afloja continuo, por nimiedades que de no cambiar mucho la situación,
desembocaría en una separación que se antojaba tan dolorosa como irremisible Al ser domingo, día
festivo para la inmensa mayoría de la gente, la práctica totalidad de los
presentes disfrutaba de su familia y entre la algarabía, risas y gritos de
pequeños, se decidió por abandonar el
local pues su cabreo no hacía más que crecer por no ser el uno de estos. Nadie
le puso una pistola en el pecho al decidir escoger ese trabajo pero fuera por una crisis galopante,
por mala suerte o por el destino, pasaba más días festivos en el camión que en
casa, cosa que ahora le había venido bien para escabullirse pero no dejaba de
molestarle. Se monto en su vehículo y tomo la autovía en dirección al lugar donde
descargaría al día siguiente, al tiempo
que introducía el cd de su grupo de
música favorito y le daba volumen como si con ello pudiera olvidarse de todo.
Unos doscientos kilómetros más adelante y ya por una carretera nacional, al
tomar una curva se encontró con un coche y una furgoneta accidentados, estando
uno en la cuneta derecha y el otro en la izquierda y un camión parado sobre
doscientos metros delante de estos con las intermitencias encendidas. Detuvo el
camión, puso las luces de emergencia y se dirigió hacia la furgoneta con el
corazón totalmente desbocado. Por desgracia había asistido a más de un
accidentado y las imágenes que podía encontrarse sabia por experiencia no iban
a ser nada agradables pero no podía quedarse de brazos cruzados mientras alguna
persona se podía estar debatiendo entre la vida y la muerte. Al acercarse
observo que las planchas de hormigón que transportaba, salieron volando
literalmente, por unos anclajes
inadecuados para tal mercancía que los corto como si de mantequilla se tratara
golpeando con auténtica violencia a los vehículos. Al llegar se encontró con un
hombre que gemía de dolor y diciendo palabras ininteligibles. Trato de abrir la
puerta pero esta se encontraba abollada y bloqueada por lo que con ayuda de
otro compañero que paro detrás de él, tomaron una barra de hierro y forzaron la
puerta trasera para poder entrar a socorrer al herido. La cabeza estaba
empapada en sangre pero aparentemente se debía a un corte más aparatoso que
peligroso para su vida y la pierna derecha estaba doblada en un ángulo que daba
a entender que se encontraba rota en algún punto. Moviéndole lo más
imprescindible para sacarlo por si la furgoneta
comenzara a arder, quedo allí al compañero y al herido y con rapidez se
encamino al coche. La imagen que se encontró allí era dantesca, pues a este la
plancha de hormigón de dos cincuenta por cuatro metros le golpeo de lleno,
aplastando el techo totalmente y matando a sus cinco ocupantes. Haciendo acopio
de valor trato de tomar el pulso a sus ocupantes en el cuello, pues era el
sitio más adecuado y el único donde podía hacer tal operación. Sus
conocimientos médicos eran tan escasos como los restos de vida que pudiera
encontrar entre el amasijo de hierros y chapa en que quedo convertido la
preciosa berlina. Bloqueado ante tanta desolación no se dio ni cuenta que un
agente de tráfico le estaba preguntando si sabía cómo ocurrió el accidente. Por
su cabeza solo pasaban imágenes de la desolación que traería a esas cinco
familias la ineptitud y poca
profesionalidad del sujeto que ahora no hacia más que llorar y lamentarse de la
catástrofe que había ocasionado. Como arrancándole de un mal sueño, otro agente
le obligo a separase de allí, conduciéndole a la furgoneta de atestados donde
le tomaría declaración sobre lo que hubiera podido observar al ser el primero
en llegar al lugar de los hechos. Aquello se convirtió en cuestión de minutos
en un caos de ambulancias, coches de la Guardia Civil, bomberos y grúas. Una vez retirados de la calzada los
restos esparcidos del siniestro, apremiaron a continuar viaje a los que allí se
encontraban parados tratando de restablecer el tráfico lo antes posible y en
espera de que llegara la autoridad competente para el levantamiento de
cadáveres. Continuo viaje como
trasportado en una nube, sin ir prestando realmente atención a lo que le
rodeaba y obligándose a parar en el siguiente restaurante que vislumbro donde
trato de serenar un poco los nervios. Pensaba en su mujer y en sus hijos, en lo
absurdo de una discusión a la que poniendo un poco de cordura se le ponía
remedio rápidamente, en lo fácil que era
perder la vida en un segundo …
-Noélia…Te quiero y jamás te
dejare – se dijo mentalmente.
jueves, 31 de octubre de 2013
viernes, 25 de octubre de 2013
Tiempos pasados
Hoy me vino a la mente el título de uno de los primeros libros que leí “La vida sale al encuentro” de José Luis Martín Vigíl. Es un libro de adolescente pero que en su momento me abrió los ojos a este increíble mundo de la lectura. Bueno, para ser exactos, mi afición comenzó con las novelas de vaqueros de Marcial Lafuente Estefanía, de quien mi abuelo -que en paz descanse- no era un simple aficionado, era un seguidor acérrimo. Este título me hizo (y ahora sí) volver con melancolía la vista a tiempos pasados, a ese televisor en blanco y negro, a la antigua radio que hoy se vende como reliquia en algún sitio, a echar en falta a aquellos que por desgracia no están entre nosotros… La vida sigue y yo también pero cuantas cosas quedamos atrás sin imaginar las sensaciones que nos evocarán en el futuro. La falta de mi madre, es la herida que después de trece años sigue abierta, no es que sea una losa permanente pero cuantos momentos me hubiera gustado compartir con ella y que una desgracia evito que así fuera. Me parece estar con ella en aquel horno donde hacía unos riquísimos dulces, aquellos primeros años de vacaciones viendo el mar por primera vez, aquel primer coche donde tantos viajes hicimos. Es ley de vida seguir adelante y no anclarnos en el pasado, pero también es inevitable pensar en lo que quedamos atrás.
Juventud olvidada
Y los años como fruta madura que cae, va llenando mi viejo saco de piel y huesos, contemplando como esta se apergamina de manera irremisible. Los recuerdos acuden a mi mente, acompañando los sones de canciones olvidadas por unos y desconocidas por otros pero ligadas a mi existencia como una segunda piel. Esa vida que con quince años uno cree eterna, se va desgastando poco a poco y cuando te das cuenta, no es tu vida la que vives, es la de tus hijos tratando de ayudarlos en sus problemas pues la tuya va camino de su ultima etapa. Pero durante unos minutos y merced a esas canciones, tu cuerpo parece recobrar toda su vitalidad y energía, vuelves a bailar aquellos acordes adormecidos en tu memoria, vuelves a ser aquel joven con ganas de comerse el mundo. Un cumulo de recuerdos acuden en tropel y de los que solo pretendes entresacar aquellos que te proporcionaron alegrías y satisfacciones. Bendita juventud que solo se vive una vez, sobrevive, aunque solo sea en mis recuerdos.
Al amor de mi vida
Que difícil, complicado y en ocasiones doloroso es aquello de lo que todos nos creemos maestros. Cuantos matices y aristas llega a encerrar el amor que se siente hacia una persona según el momento y la situación. Se puede pasar de dar la vida por ella a no querer prácticamente ni verla. El destino me reservo mi media naranja, que como yo quizás no sea perfecta pero es el amor de mi vida. El tiempo te enseña a perdonar y ser perdonado si estas siempre dispuesto a luchar por ella porque incluso en los peores momentos de una vida, es la que estará a tu lado. Es mas de media vida la que juntos pasamos, llena de alegrías y sinsabores, luchando codo con codo por sacar esto adelante y solo quiero una cosa .... estar con ella hasta el fin de mis días.
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